HISTORIAS CLÍNICAS EN SALUD MENTAL – La elaboración de la demanda: si yo quiero tú puedes

Cuando una persona llega a la primera sesión, suele plantear un problema que quiere resolver. Por ejemplo:

– Quiero conocerme mejor

Esto, que parece sencillo no lo es tanto.

En esta petición no parece que exista ni conflicto, ni cuestionamiento, ni falta alguna.

No hay síntoma analítico. Es necesario que este pedido se transforme en demanda para comenzar el análisis. Este primer proceso es lo que llamamos elaboración de la demanda.

¿Qué podemos deducir de ese pedido?

Primero, que hay una negación implícita. 

– A mí no me pasa nada, pero hay algo que no conozco de mí misma y tú (la analista) debes saberlo.

La primera entrevista es importante para el transcurrir del análisis y surgen dos cuestiones: 

1.- ¿Qué es lo que ha pasado para que alguien que hasta el momento se relacionaba con el mundo con sus síntomas, más o menos equilibradamente, se descompense ahora y venga a realizar ese pedido?

2.-La segunda cuestión referente a la demanda es ¿Qué lugar ocupo yo en la demanda?

Porque yo, como analista, voy a ocupar para ella, todos los lugares en los que me ponga a lo largo de la relación analítica. Es lo que llamamos la relación transferencial.

Voy con el caso concreto.

Sara, una mujer de mediana edad, plantea en la primera entrevista:

– Estoy en un pozo sin fondo y también con insatisfacción en todos los ámbitos de la vida.

Además de esto, me dice que hubiera preferido que yo fuera un hombre. 

Me pregunto ¿por qué me pide una cita a mí, sabiendo que soy una mujer, si hubiera preferido un hombre?

Quizás busca la relación con un hombre y me pide que yo sea un hombre. A nivel consciente, un imposible.

Varias sesiones después, Sara dice que si yo hubiera sido un hombre ella no hubiera comenzado la terapia. Una buena pista. 

¿Contradictorio? Sí, en el nivel consciente de Sara. No en el inconsciente. 

La estructura psíquica inconsciente de Sara funciona con esta consigna: 

–  Si yo no quiero, tú no puedes. Dejar en la impotencia al otro, en este caso a mí.

Durante el análisis, el trabajo de la analista es hacer visible este fantasma con el que Sara se relaciona con el  mundo. Será como ir quitando capas de cebolla. Desaparece una capa, surge otra, porque su fantasma va cambiando con mucha habilidad y se va adaptando, con el propósito de poner a la analista en esa posición de impotencia. Opondrá muchas resistencias, porque, para ella, el poder, su poder, reside en esa frase. 

Un ejemplo: durante muchas sesiones, Sara se dormía en las sesiones. Le entraba un sueño intensísimo y simplemente se dormía. Ahí está el  “si yo no quiero tú no puedes”.

Al nacer Sara, su madre hubiera preferido un niño. Esa preferencia se mantuvo siempre.

Sara me convierte en ella misma de pequeña, esa niña no deseada y tratada como un mueble. Ahí está su frase en la primera sesión, diciendo que esperaba que fuese un hombre. Es lo que deseaba la madre. 

Así que la posición en la que me pone es de desvalorización y desde esa posición, no es necesario escuchar mi palabra. Soy un mueble. Como lo era ella para la madre.

En este momento de la relación transferencial, Sara trata de evitar la angustia en la que vivió su infancia. Hay muchas maneras de hacerlo. ¿Cuál es la suya? Identificándose con el agresor, en este caso con la madre y tratando a los otros de la misma manera que ella era tratada. Como ese mueble.

Yo dejo que me ponga en esa posición, pero no le voy a responder desde esa posición, es decir, no voy a estar en la impotencia. Tengo que devolverle esa maniobra. Ella se va a oponer. Insisto en explicar que no estoy hablando de algo consciente.  

A veces, estas resistencias son feroces en un análisis y la paciente puede dejar de venir y abandonar, así que tengo que aprovechar muy bien las oportunidades en las que se manifiesta el inconsciente y realizar señalizaciones o, si es el caso, directamente interpretaciones, como os mostré en el artículo del MYS 51 “dolor de regla” (https://matriz.net/numero-51/dolor-de-regla) para que el fantasma de Sara, se esfume como lo que es: un fantasma. 

Olga Fernández Quiroga

Psicóloga Clínica