Pilates: la fuerza del ingenio

A mi, el nombre de esta técnica deportiva tan conocida me hace gracia por dos cosas. La primera es recordar como lo pronunciaban los californianos: sonaba algo así como “polaris” lo que durante mucho tiempo me hizo pensar que se trataba de una práctica diferente al Pilates. Lo segundo es que desde su popularización, en el mundo católico todas las personas tienen que pensar dos veces cómo se llamaba aquel Gobernador de Judea que sentenció a Cristo: Poncio… y lo que ha terminado por redondear la broma es haber sabido que en efecto,  los compas de colegio de su creador, del que la técnica recibe el nombre, le hacían “bulling” llamándole asesino de Cristo.

Pero el ejercicio que propone la técnica de Pilates no va de broma. Haciendo una búsqueda informal en PubMed (la base bibliografía médica más grande del mundo) han salido 95 publicaciones científicas  bajo el epígrafe de “Pilates y dolor lumbar”, lo que yo creo que deja claro la importancia y la trascendencia en la actualidad, de esta forma de trabajo de fortalecimiento físico.

El Pilates fue creado por Joseph Hubertus Pilates, nacido en 1883 en Alemania y muerto en Nueva York en 1967.  Al parecer Joseph o Joe, fue un niño enclenque y enfermizo que, como consecuencia de ello, comenzó a interesarse por el cuerpo humano y el ejercicio, buscando una salida a las dolencias que padecía desde la infancia. Estudiando y observando, según él mismo decía, basó su método en el movimiento de los bebés y de los gatos. A lo largo de su vida practicó muchas disciplinas deportivas. Algunas, como el taichí, el yoga y la gimnasia (lo que en nuestra infancia conocimos como gimnasia sueca) son bien reconocibles en su método, sobre todo en el conocido como pilates libre o pilates suelo. Esto es especialmente visible en el énfasis del  uso correcto de la respiración que propone.

Como hemos comentado existen dos variantes de la llamada técnica de Pilates, que él en realidad llamó Contrología. La ahora llamada técnica de “pilates máquinas”, al parecer tiene su origen en el trabajo como camillero que realizó durante la segunda guerra mundial. Pronto, la fuerza de su ingenio y del conocimiento adquirido en su estudio, le llevó a  crear máquinas de resistencia con los entresijos de los somieres, poleas y cuerdas, atadas a las camas de los soldados heridos, para que se ejercitaran, y así conseguía la recuperación más rápida de sus heridas de guerra. Después de la guerra, se instaló en Nueva York con su esposa Clara y allí montó un estudio en el que trabajaba con bailarines mejorando su técnica; esto les protegía evitando las lesiones asociadas a la práctica intensiva. Clave en su trabajo es la insistencia acerca de que éste no era solo un entrenamiento físico, sino también mental. Pronto, gracias a los artistas y a las personas ricas e influyentes que visitaban su centro, perfeccionó su método de suelo  y máquinas y su sistema comenzó a difundirse a lo largo y ancho de la tierra. En la actualidad, es posible encontrar centros de práctica de Pilates en todo el mundo, tanto en ciudades como en pueblos.

Como quiropráctica, he recomendado siempre a mis pacientes, la realización de Pilates y  tengo pacientes de todas las edades que lo practican. En mi experiencia profesional se ha hecho evidente que para conseguir que una columna tenga un funcionamiento mecánico óptimo y por tanto no  duela, es imprescindible tener un “core” fuerte. Llamamos core a una serie de músculos (músculos abdominales, oblicuos, transverso del abdomen, erectores profundos de la columna, cuadrado lumbar, suelo pélvico y diafragma)  cuya activación produce la correcta estabilización de la pelvis, necesaria para la facilitación de patrones de movimiento correctos y condición indispensable para una columna vertebral que actúe mecánicamente de forma óptima. Y ocurre que el objetivo del pilates, tanto la variante del suelo como la de las máquinas, es exactamente ese: se dirige específicamente al core y desde un core fuerte fortalecer también el resto del cuerpo. El ejercicio dirige su actividad principal a la sujeción activa del centro del cuerpo, que se consigue con la activación de los músculos mencionados y del control del diafragma por medio de la respiración y a partir de ahí  se realizan movimientos suaves y fluidos, localizados y pormenorizados bajo una atención plena. Digamos que los pilares del ejercicio una vez activado el core son la respiración profunda (llamada diafragmática), la postura centrada y la realización de movimientos controlados, cortos, suaves y fluidos, en presencia de una atención completa. 

Mi entusiasmo por el pilates va mucho más allá del conocimiento intelectual de su lógica y de sus ventajas o de que sepa que es una técnica que puede ayudar a mis pacientes con dolor de espalda; procede de haber practicado yo misma esta forma de gimnasia durante años  y  por ello conocer de primera mano sus enormes ventajas para mantener un sistema articular sano y estable. En mi experiencia, esta práctica concentrada y localizada a lo largo del tiempo, te aporta, además, una gran conciencia corporal haciéndote consciente de una forma muy pormenorizada, casi exquisita, de las capacidades de movimiento de las partes del cuerpo y sus rangos.  Supongo que solo las personas que han vivido esta experiencia lo pueden entender.

Pero no todo son loas al Pilates. Tenemos también que hablar de inconvenientes. Es bastante común que se diga que el problema doloroso de columna debe ser tratado con ejercicio y por tanto, cada vez más, se prescribe  hacer Pilates por parte de los profesionales. En mi experiencia, el Pilates es un excelente ejercicio,  pero en absoluto una terapia para los problemas de espalda. He escuchado decir a pacientes en multitud de ocasiones que intentaron seguir la prescripción de hacer Pilates pero que lo tuvieron que dejar porque agravaba mucho su problema. El Pilates puede mantener condicionada una espalda sana o rehabilitada, y es de gran ayuda en el dolor lumbar crónico, pero no es una terapia para el tan frecuente problema mecánico de columna vertebral que en un momento u otro de la vida llega a afecta al 85% de la población del mundo.

Una de las críticas más conocidas al método del Sr. Pilates, es el aumento de presión intra abdominal que provoca la técnica respiratoria y la contracción de los músculos del core, lo que somete, a su vez, a un exceso de presión al suelo pélvico. Por esta idea, se ha generalizado también otro tipo de ejercicio orientado al core, que ha conseguido acercarse en popularidad y práctica al método Pilates y que de alguna manera compite con él: el ejercicio abdominal hipopresivo. Para mí el inconveniente de esta otra forma de ejercicio para el core es la dificultad de la práctica de ejercicio en apnea, que es lo que proponen los hipopresivos,  pero los resultados en cuanto a fortaleza del suelo pélvico y estabilidad de la pelvis son tan ensalzados como los del método que nos ha ocupado.

En definitiva, es importante recordar que el método Pilates tiene tanto éxito porque apunta al centro del cuerpo, como parte estabilizadora y optimizadora del movimiento. Por eso sea cual sea el método que utilices no olvides que mantener un core fuerte es la base de una columna sana y sin dolor. Si no es así y a pesar del ejercicio tienes dolor, visita a un/a quiropráctico/a para mejorar los problemas de tu columna antes de seguir practicándolo.

Mª José Hernández Ortiz

Médica y quiropráctica