¿Qué les pasa a las profesionales sanitarias? Construyendo un relato

La fuerza de un inicio

El pasado 9 de julio 2021, tras un año largo del inicio de la pandemia, varias profesionales participamos en un diálogo-debate acerca de la situación de las mujeres sanitarias, tanto en su dimensión profesional, como en lo que les ha afectado  en lo personal, familiar e íntimo.

De ahí nos dimos cuenta, a partir del comentario de Pilar Babi, de que estábamos construyendo un Relato: de lo que habíamos vivido y de lo que continuamos transitando meses después.  Un Relato que recoge el estado emocional durante los primeros meses,  con el  miedo y la  angustia del impacto inicial y la incertidumbre consiguiente; pero también recordando la  fuerza y la energía con la que se gestionó  la urgencia del período crítico, y que podría  bautizarse como “la fuerza de un inicio”.

Efectivamente, la pandemia y el confinamiento nos generaron un shock, que lejos de dejarnos paralizadas, movilizaron toda nuestra determinación, para enfrentar con energía renovada la violencia de las tragedias personales y familiares de [email protected] [email protected]: miedo, dolor, sufrimiento, muerte, abandono, soledad.

Año y medio después (julio 2021),   las profesionales de primera línea están desgastadas, se sienten agotadas: sus palabras para describir cómo se encuentran: “esto es insoportable”. Algunas han cogido la jubilación anticipada, otras están de baja, hay quienes  piensan dejar la profesión, o marchar a países del entorno  para encontrar mejores condiciones. Un panorama ciertamente desolador. 

Sobre la salud mental de [email protected] profesionales [email protected]

  • Advierte la OMS en su informe: la pandemia está imponiendo exigencias extraordinarias al personal sanitario, tanto física como mentalmente. Los/as profesionales de la salud están experimentando niveles más elevados de ansiedad (13,0% frente a 8,5%) y de depresión (12,2% frente a 9,5%) en comparación con los y las profesionales de otras áreas. 
  • La investigación muestra que hasta el 43% de los y las trabajadores de primera línea experimentan niveles significativos de ansiedad, con una prevalencia del 27% en enfermeras y del 17% en médicos.
  • Hasta el 40% del personal sanitario que trabaja en cuidados intensivos alcanzó el umbral clínico para el diagnóstico de trastorno de estrés postraumático, el 13% tuvo pensamientos suicidas, el 11% presentó ansiedad severa, el 7% tenía problemas con el alcohol y el 6% depresión.
  • Se constata un  incremento en las tasas de ansiedad, miedo y angustia emocional relacionados con sentimientos de impotencia, de falta de apoyo y de equipos de protección personal (EPIs), con el trauma de la muerte relacionada con el COVID, y con el miedo a transmitir el virus a amigos y familiares.
  • “A medida que se expande el impacto económico y social de la pandemia, podemos prever un incremento en los problemas de salud mental. Esta situación está afectando especialmente a los/as trabajadores/as sanitarios que están trabajando en primera línea

De la descripción de los datos al análisis de la situación

De sentirse apoyadas –y aplaudidas-  por la ciudadanía, ahora se sienten “en falta” porque no llegan a todo lo que se les pide. Además de seguir afrontando las sucesivas olas de la pandemia, se han de atender todas las patologías (que son pacientes, personas, no sólo enfermedades) que quedaron aparcadas. Entre [email protected] [email protected] hay “enfado”, insatisfacción, frustración, incluso agresividad, es como una situación “desquiciante”.

¿Cómo es que han cambiado a peor las dinámicas relacionales y asistenciales? Porque además de la desafección de gran parte de la población,  las profesionales tampoco   pueden  contar ya (diciembre 2021)  con los espacios de apoyo y contención mutua que tenían al inicio, a través de  los encuentros diarios con las compañeras del equipo: “lo que nos unió se ha ido minando”. 

Esta situación tan penosa requiere de una mirada más amplia, con la que construir un pensamiento crítico. Es necesario pasar de la descripción de los hechos al análisis de la situación, integrando los diferentes elementos que intervienen: desde las políticas sanitarias que carecen de las estrategias adecuadas para prevenir y paliar los daños ocasionados, hasta los aspectos más directamente involucrados en el rol de la profesional sanitaria.

Surgen así algunas cuestiones para  reflexionar entre todas:

  • ¿Es esta una profesión vocacional en la que se supone hay que estar a todas, hasta el límite de las propias fuerzas? Habría un “implícito” perverso y dañino –generador de intensos sentimientos de culpa-  que erosiona la autoestima y dignidad en el rol profesional.
  • ¿Si son las condiciones político-sanitarias las que causan nuestro desgaste, cómo es que no tenemos el apoyo/comprensión/alianza de [email protected] [email protected] ni de la población en su conjunto? Aquí está emergiendo  un sentimiento de “ser incomprendidas”, que coloca a la profesional en un rol  “victimizado” en la relación asistencial.
  •  ¿Dónde colocar lo personal en el ejercicio de una profesión que exige dar toda la ayuda/atención/curación para resolver el estado de vulnerabilidad/fragilidad del otro? De nuevo aparece el dilema de la conciliación, esa inevitable tensión que se produce entre lo personal y lo profesional, y que es siempre fuente de un monto de  angustia y culpa por no estar “a la altura” de las circunstancias.

De lo desconocido a lo demasiado conocido

En diciembre de 2021 estamos ya en la sexta ola de la pandemia. Lo que está sucediendo no es nada nuevo: bien al contrario, las profesionales vuelven a encontrarse con lo traumático ya conocido, y eso implica –como ya sabemos bien- que para muchas se convierte en un “dejà vu”, que roza lo angustiante/siniestro.

Cuando digo  “lo traumático ya conocido” me refiero  a que –de una manera más o menos directa- se vuelve a revivir el miedo y el dolor, además de la impotencia. Este conjunto de factores implica la retraumatización de quienes  apenas se habían recobrado de la erosión emocional inicial. Ya no estamos en tiempos heroicos, sino en tiempos de resistencia. Ahora bien, se trata de  una resistencia sin “la fuerza de los comienzos”, con las energías menguantes, y sin aplausos. La población, por su parte, sí se resiste –y se rebela-  a continuar con las autorestricciones; el cansancio es evidente,  y mucho más en una sociedad en la que el “bienestar” ha sido fuente y meta de una forma de vida. 

Atrapadas en un vértice sin apoyos

Pareciera como si  las profesionales sanitarias hubieran  quedado atrapadas en un vértice sin apenas apoyos, cuyos prismas más destacados son:

  • La ineficacia/negligencia de las políticas sanitarias: las deja inermes y desamparadas ante la magnitud de los oleajes.
  • La frustración/desafección de una parte de la población/[email protected] que se ven todavía más vulnerables ante las tormentas que acechan (salud, empleo, vivienda, derechos sociales, etc).
  • La precariedad de su empeño e ilusión por su práctica profesional, en la que –con más frecuencia que antes- se sienten poco y mal reconocidas, pagadas, promocionadas.

Este vértice en el que se encuentra cada una – una por una, no una por todas las demás- soporta demasiadas fuerzas negativas; y por negativas entiendo las cargas que no promueven deseo de vida y satisfacción, sino todo lo contrario. 

Tal como se recoge en los informes de la Fundación Galatea y del Consejo de Europa,  el “mal estado” de la salud mental de [email protected] profesionales  [email protected]:

  • Según una encuesta realizada en abril de 2020 a profesionales de la salud en España, cerca de las tres quintas partes de los encuestados y las encuestadas informaron de síntomas de ansiedad (59%) y/o trastorno de estrés postraumático (57%), y cerca de la mitad (46%) presentaba síntomas de depresión.

Y no debería preocuparnos demasiado si no fuera porque cada año que pasa la situación no parece mejorar sustancialmente. La deriva entre las tormentas y los oleajes nos lleva a pasar de la incertidumbre y angustia a lo desconocido –el shock inicial-,  a la certeza de lo demasiado conocido. Un sentimiento de inquietante certeza sustituye al de la angustiosa incertidumbre. Por eso necesitamos más que nunca compartir experiencias, reflexiones, análisis crítico. Un intercambio que producirá cambios profundos, transformaciones personales y colectivas.


Bibliografia

Regina Bayo-Borràs

Psicòloga Clínica. Psicoterapeuta psicoanalítica. Presidenta Comissió de Psicoanàlisi del Col.legi Oficial Psicologia Catalunya. Docente y supervisora servicios salud mental - Infancia y Mujer