Afganistán en el corazón: la victoria más temida

Cooperante, especialista en género y protección 

Cuando Leonor me pidió escribir sobre Afganistán, llevaba meses siguiendo las desoladoras noticias sobre el rápido ascenso de los talibanes, provincia tras provincia: sin apenas resistencia, ni casi bajas humanas. No me lo esperaba. 

A lo largo de cuatro años en distintas épocas de misiones, evaluaciones y viajes por el país, he tenido ocasión de conocer algo de Afganistán, la bondad de sus gentes, y caer atrapada en su magia, en pocos sitios cohabitan y contrastan como allí, la belleza y la crueldad a 1 partes iguales. 

Sabedora del coraje y resiliencia de la población afgana, confiaba que gracias a los veinte años -2001/2021- de parciales e imperfectos progresos en el desarrollo del país, pese a la corrupción y la inseguridad que nunca cesaron, se obraría el desenlace milagroso: la victoria de las fuerzas de seguridad afganas sobre los talibanes e insurgentes. Esperaba un plan oculto, más resistencia civil o armada, y en último caso, el rescate del séptimo de caballería, de las fuerzas armadas internacionales aún presentes en el país hasta agosto. Nada de eso funcionó: Kabul, la rebelde, también cayó, al tiempo que alzó el vuelo, la lealtad internacional, en aviones de solo ida y pasaje limitado. 

´Nadie quedará atrás ´

En agosto pasado, pese a las reconfortantes palabras de los Ministros de Exteriores, Defensa y del propio presidente del Gobierno español, muchos y muchas afganas sí quedaron atrás, quedaron miles de personas en peligro de muerte y de cárcel, por defender la libertad de informar, los derechos humanos y de la mujer, o por denunciar la corrupción. Mientras se abrían las rejas y salían criminales y terroristas, me preguntaba por la seguridad de las activistas, abogadas, juezas, periodistas, cantantes, artistas, deportistas, amenazadas por esos mismos que ahora paseaban libres por las calles. 

Muchas de mis antiguas compañeras y sus familias, se han visto obligadas a cambiar de domicilio, una y otra vez, por miedo a la delación, a la venganza. Un antiguo compañero me rogaba que le ayudara a sacar del país a sus hijas de 15 y 17 años, ambas estudiantes. para permitirles seguir viviendo, estudiar… no pedía nada para él, ni para su mujer ni su hijo, solo quería que salieran ellas con la oportunidad de una beca y ganar tiempo. 

Carta de amor a Kabul: los lugares que no voy a olvidar de la capital afgana 

Más violencia no equivale a conquista: la lección afgana. 

Los afganos llevan cuatro décadas de conflictos, millones de desplazados/as, varias diásporas y muchas generaciones perdidas. Pero el fanatismo y la resiliencia afgana no se pueden derrocar con fetichismo militar: los insurgentes dominan mucho mejor la escena bélica y lo que es suyo desde siempre: el duro clima, las montañas, la fe impostada del terror, la determinación, el manejo cruel de las tradiciones, la paciencia… 

En veinte años de intervención militar, ningún país aliado miembro de la ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad) ha reconocido que la guerra contra la insurgencia afgana se estaba perdiendo, y que quizá se hacía imperativo cambiar de táctica. En 2017, el informe del SIGAR -Special Inspector General for Afghanistan Reconstruction-, analizaba para el Congreso de EE.UU., los fallos de la estrategia militar de Estados Unidos y de la coalición internacional. Se apuntaba al hambre, la pobreza y los miles de desplazados en amplias áreas de Afganistán… los índices de bajas insostenibles entre las fuerzas armadas afganas (contra los grupos armados insurgentes), … y el control de los talibanes y otros grupos terroristas en gran parte del país, con grandes áreas de Afganistán prohibidas para los extranjeros´ .3 

El informe SIGAR también alertaba de la amplia corrupción instalada en todos los estamentos gubernamentales (afganos) y de la sobrevalorada preparación del ejército y fuerzas de seguridad afganas. El informe no vio la luz pública hasta 2019. Así que, ¿nadie vio venir el desastre de una misión fallida? 

Y ya puestos, como bien interpela ´Mujeres de Negro en su último manifiesto: ¨Necesitamos saber ¿por qué, después del 9/11 2001, seguimos a los Estados Unidos en su objetivo de venganza, cuando antes y después, hubieron otras acciones terroristas en el planeta? ¿Vamos a seguir acompañándolos en sus futuras acciones de venganza?¨ 

Los logros. 

Afganistán fue mi primera misión importante al frente de un auténtico programa de cooperación feminista, de mujeres para mujeres, que integraban algunas áreas fundamentales en cooperación internacional: 

1) La capacitación y formación de personal nacional (abogadas, psicólogas, otras). 2) La creación de espacios seguros y la protección jurídica a mujeres y niñas. 3) El apoyo y colaboración con instituciones relevantes para el desarrollo de políticas y planes nacionales de igualdad, de participación de mujeres, protección de la infancia, etc. 

En Afganistán, la generación de veinte años sin gobierno talibán, permitió frágiles remansos de paz, la eclosión de escuelas para niñas y niños en capitales de provincias y en zona rural, y hasta un proyecto educativo a distancia por televisión.Toda una revolución. 

Otro gran reencuentro con la libertad, fue la reforma de la justicia afgana -auspiciada por la cooperación italiana-, la defensa de la mujeres al divorcio, la apertura de casas de acogida para mujeres y niñas amenazadas por la violencia de honor y familiar. Tantos logros… 

Y, si bien, al principio, muchos de estos conceptos -típicamente occidentales, como las casas de acogida- permanecieron ajenos a la cultura tradicional afgana, muy pronto, muchas mujeres y grupos de mujeres afganas, hicieron suyos los beneficios de la educación, del acceso al trabajo, y el empoderamiento económico de aquellas que trabajaban en ongs o ministerios. Se abrieron muchas mentes, desarrollando talentos, montando pequeñas empresas, y ocupando sillas en el Parlamento y las universidades. 

Nunca libres de miedo, con mucho esfuerzo y peligro para sus vidas, pero mujeres de todas las etnias ocuparon su lugar en la sociedad, logrando con orgullo y determinación, hitos que no podrán borrarse sin más. 

Las pérdidas. 

Sin Ministerio de la Mujer. Sin mujeres en el Gabinete talibán, ni en el Parlamento. 

En agosto de 2021, tal y como ocurrió en los años 90, recién asomados al poder, los talibanes volvieron a eliminar a las mujeres de sus lugares de poder y representación. 

Primero, haciendo desaparecer el Ministerio de los Asuntos de la Mujer, -Delbar Nazari fue su última Ministra-, prohibiendo la entrada a todas las funcionarias, y cambiándole el nombre por el funesto: «Ministerio del Rezo y Guía para la Promoción y el Fomento de la Virtud y la Prevención del Vicio¨, tan temido en los años 90 por castigos corporales a mujeres que no iban vestidas de acuerdo con el canon talibán, o no ir acompañadas de un mahram, -padre, marido, hijo o hermano-. 

Las mujeres, ya sean afganas, africanas, asiáticas, feministas o conservadoras, conforman una realidad y grupos heterogéneos. Igual sucede en Afganistán. Los años 60 y 70 supusieron una apertura en las costumbres de todas y todos, con la declaración de algunos derechos igualitarios recogidos en la Constitución de entonces. Fotos de esos años, sorprenden por mostrar grupos de estudiantes con minifaldas y melenas sin velo, aunque principalmente en Kabul. 

Durante los años 80 de la sangrienta invasión soviética, otro gran cambio para las mujeres afganas: el trabajo era obligatorio, y se estimulaba el estudio, así que no pocas mujeres me confesaron que echaban de menos los avances de aquella época, aunque otras tantas afganas tomaron parte en combates contra los soviéticos.

Con la llegada de los talibanes en 1996, los derechos civiles y de las mujeres quedaron abolidos y pasaron de la fábrica y la escuela a la oscuridad. 

Hoy, como entonces, han vuelto a desaparecer las mujeres del parlamento, de los estrados, de las calles y escaparates. También se hace chica la presencia de minorías étnicas, particularmente de los Hazara, y ha regresado el miedo a todo aquel/la que se significó públicamente en tiempos de más libertad. 

Las afganas y la resistencia. 

Las maestras fueron las heroínas silenciosas en la época talibán pretérita, y su resistencia pacífica permitió a muchas niñas estudiar en escuelas improvisadas y clandestinas. Veremos cómo se reorganizan ahora desde dentro. 

Desde fuera, en Grecia, 28 parlamentarias afganas, algunas profesoras, abogadas, juezas y activistas han creado su parlamento en el exilio, y preparan la resistencia, alianzas con miembros del gobierno griego, embajadas de países occidentales. 

Su agenda: asegurar que la ayuda humanitaria llegue a los más desposeídos/as, a las viudas, a los huérfanos, y que se mantengan los derechos de las mujeres bajo el régimen talibán. Tienen pendiente entrevistarse con la administración de Biden. Habrá que seguirlas.

Y nosotras ¿? 

La comunidad internacional debe ejercer sus responsabilidades y auspiciar que los logros y derechos civiles, humanos, económicos y políticos no se pierdan. El acceso a la educación de niñas y niños, de las mujeres al trabajo, y a las calles seguras, no pueden negociarse con 

los talibanes. Hay que dignificar el irremediable diálogo con los bárbaros, elevar el listón de las exigencias (porque hay mucho dinero en juego) y esa es nuestra responsabilidad. 

Por eso, preocupa que, pese al no reconocimiento del gobierno talibán, algunas delegaciones de países occidentales ya se hayan reunido con miembros del gobierno talibán, sin que ninguna mujer esté presente, en ninguno de los bandos. Eso debe cambiar urgentemente. 

● Esperamos mucho de los nuevos gestores de la intervención humanitaria, y el punto de mira está puesto en la Comunidad Europea, los grandes fondos que tanto ansían los talibanes, las agencias de Naciones Unidas y las influyentes empresas y corporaciones privadas, dispuestas a repartirse nuevos expolios de territorios ricos en minerales y violencia. Afganistán sigue siendo rentable políticamente. Ahí están Pakistán, China, Rusia, Irán. 

Tabla basada en datos de Linda Bilmes, Harvard University’s Kennedy School, del Proyecto Costes de Guerra de la Universidad de Brown 

El coste humano estimado, en vidas – 2001-2021 Coste material
● 51.000 civiles afganos/as incluidos niños/as ● + 241.000 soldados afganos y paquistaníes ● 3500 soldados aliados (2448 soldados americanos, 104 soldados españoles)● EE.UU. : más de 2 billones de dólares (sin contar intereses de créditos para pagar la guerra) ● Gran Bretaña: 37.000 millones de libras esterlinas ● Alemania: 12.500 millones de euros. ● España: 4.000 millones de euros
● 5 millones de desplazados, incluidos niños/as ● En 2020, se estimaba que la mayoría de afganos viven con menos de 2 dólares al día

Unas cuantas cosas que he aprendido en el camino. 

Se necesita mucho tiempo y mucho más que mil batallas para influir en las ´mentes y corazones´, ya sean de los afganos y de cualquier población que se desee conquistar. La palabrería hueca de los que, demasiado pronto, se creyeron vencedores, debe ser una lección aprendida para siempre, incluida para España, como miembro de la ISAF/OTAN. 

Por otro lado, la cooperación al desarrollo, los programas de ayuda humanitaria, deben permanecer neutrales y marcar muchas distancias con cualquier intervención militar, disfrazada de ´reconstrucción´ como la misión de España en Afganistán. 

Son muchos los y las jóvenes nacidos/as en estos veinte años. El país ha cambiado, lo quieran los bárbaros o no. Las afganas y los afganos no se conformarán con más represión, ni con la pobreza intolerable de tener que vender a sus hijos/as para que puedan sobrevivir. Ellas y ellos lo harán solos, sólo necesitan que no metamos la pata una vez más. 

Mientras se organiza la ayuda a Afganistán, al borde de la peor tragedia humanitaria, la comunidad internacional ha de establecer bases firmes y claras de negociación y, exigir entre otros: 

● La repatriación y salida segura de todas las personas que por su condición pública o perfil vulnerable, sigan escondidas y se sientan en peligro. 

● La representación de mujeres afganas en cualquier mesa de diálogo y de negociación con los talibanes. No puede haber interlocución para sentar las bases de la ayuda humanitaria, sin ellas. 

● Acceso seguro a la educación de niñas y estudiantes en escuelas y universidades, ahora reservada a los varones. 

● Recuperación de los espacios de trabajo y representación de mujeres profesionales, funcionarias, sanitarias, etc. 

● Implementación adaptada y gradual de la Resolución de Naciones Unidas 1325 en Afganistán: este punto es urgente y vital y debe formar parte de los proyectos por venir. La obligación inquebrantable de implementar la R1325, es ahora, mucho más que deber moral: es su momento histórico.

Lo contrario sería un nuevo quebranto a la salud moral de la Agencia de Naciones Unidas, y, como recordaba Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres, “La participación de las mujeres en los acuerdos (de paz) no es necesaria 

porque ellas sean más pacíficas, sino por que son sujetos políticos de derecho “Y garantizan períodos de paz más duraderos porque incluyen a la mitad de la población. Por eso son más exitosos”.


Bibliografia

  1. Carta de amor a Kabul: los lugares que no voy a olvidar de la capital afgana https://www.bbc.com/mundo/noticias-59177257
  2. https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/exteriores/Paginas/2021/130821-albares-kabul.aspx https://www.eldiario.es/desalambre/incertidumbre-afganos-espana-dejo-nadiedice_1_8313150.html
  3. https://www.sigar.mil/pdf/quarterlyreports/2017-10-30qr.pdf
  4. https://theconversation.com/afghan-women-have-a-long-history-oftaking-leadership-and-fighting-for-their-rights-167872
  5. https://elpais.com/planeta-futuro/2020-10-30/dejen-a-las-mujeres-enpaz.html

Àngels Martínez

Cooperante, especialista en género y protección