50 números, 20 años, nuestra vida…

Me llena de emociones el 50 número del Mys, un número que nos cuenta la historia de una supervivencia frente al azote del tiempo, de las crisis y de la falta de dinero. El equipo del Caps liderado por Leonor y Margarita han conseguido a pesar de todo esto el milagro de llegar hasta aquí y con honores: la calidad, la profundidad, la agudeza, de los artículos publicados no ha decaído en absoluto en ninguno de los 50 números publicados hasta ahora.

Aun recuerdo el día que Leonor, tras volver de un viaje en Barcelona nos contó que se había cerrado la idea de una revista sobre la salud de las mujeres que se llamaría MyS: Mujeres y Salud. Tengo el honor de haber estado en el consejo editorial de la primera revista y de haberla recibido puntualmente desde entonces (excepto el número sobre el sexo que no superó el reparto de correos).

Pronto animada por Leonor y después también por Margarita, las “caza artículos”, comencé a publicar yo también en la revista. De hecho mi primer artículo se publicó en el nº3 en relación con la técnica de PAAF ( punción aspiración con aguja fina) que practicaba como patóloga en tumores palpables de mama.  Incluso me animé también en el siguiente, el número 4  con un artículo titulado “Llamarse María, un riesgo para la salud” en el que llamaba la atención sobre el hecho de que en las bases de datos de los hospitales había hasta un 30% de errores en los datos de los pacientes, especialmente con las Marías, entre otras cosas por sus múltiples abreviaciones, lo cual en ocasiones puede ser un factor de riesgo para la salud en el sistema sanitario.

Este es el valor enorme de esta revista dedicada a la salud de las mujeres, que por primera vez se ha dado voz a muchas mujeres profesionales las cuales tradicionalmente no tienen/ tenían voz en la narrativa oficial de nuestra medicina y nuestro sistema de salud. Era necesario que las profesionales que están ahí, en primera línea, trabajando y mirando con una perspectiva diferente basada en la persona y en los múltiples factores que influyen en la salud de la gente, escribiesen sus experiencias y opiniones. Por eso se han abordado tantas preguntas que teníamos sin respuestas y tantos temas que nunca habíamos visto tratados desde la perspectiva de las personas, de las mujeres, del género.

En el Mys hemos podido escribir nuestros gritos, nuestras quejas, nuestras visiones utópicas en un espacio único, sin interferencias ideológicas ni comerciales. Corría el comienzo de siglo y yo atravesaba la peor crisis de mi vida. Crisis física, emocional, de pareja y profesional. En esa época se me derrumbó todo, los imperativos, los condicionamientos, las expectativas, la confianza en el orden imperante y las creencias sobre la salud. Se me hizo añicos el ideal de amor, el romántico, y fui consciente por primera vez de mi profunda carencia de autoestima.

En medio de esta crisis escribí un artículo en el Mys  nº8  que se llamaba ¡Me quiero irrrrr!!!! y su segunda parte (sugerida por Leonor) que titulé “Estoy de vuelta”.  En este segundo artículo explicaba del primero: “Hace ahora más de tres años esta revista me publicó un artículo titulado ¡Me quiero ir!!!!!. Era el grito que expresaba toda la decepción que sentía, después de más de 20 años dedicada intensamente al estudio y la práctica de la medicina tradicional en nuestro mundo occidental. En ese artículo, explicando el origen de mi decepción, pasaba revista a las nuevas tendencias de nuestra medicina, al trabajo de los médicos y a la poca salud de la gente teniendo en cuenta el desmesurado gasto sanitario en nuestro país.”

En efecto, en ese primer artículo en el que reflexionaba sobre los derroteros de la medicina había escrito: “…Con el espíritu intuyo que el futuro de la salud de la humanidad no irá con el desarrollo de la cirugía, de la tecnología genética y ni siquiera de una vacuna contra el cáncer. La verdadera salud vendrá solo de una visión basada en la realidad de la vida-muerte-vida, de la sabiduría intuitiva que poseemos como miembros de la naturaleza, con el poder curativo del organismo y con el uso de la racionalidad asumiendo, en todo su significado, la responsabilidad hacia la propia salud y la de los demás, y cuando practiquemos el poder de la sanación por el amor propio y de los demás. La verdadera salud irá por eso paralela el desarrollo de la espiritualidad humana, de la práctica del autoconocimiento y será realidad sólo, si vivimos plenamente cada una de las etapas de la vida sin mirar atrás”.

En coherencia con esta idea me fui de la medicina ortodoxa y del trabajo hospitalario. La gente me decía que estaba loca y algún compañero de hospital incluso calificó de “tontería” el hecho de que renunciara a mi plaza en el hospital para irme a estudiar quiropráctica. Sin embargo yo considero que fue una inmensa  fortuna conseguir una beca para estudiar quiropráctica en una escuela de California y estos casi 3 años estudiando en la edad madura mi segunda carrera sanitaria, la considero sin ambages el mejor regalo que la vida me ha hecho.

La quiropráctica no solo me ayudó a superar mis dolencias físicas sino que me abrió los ojos a un enfoque de la salud que jamás me habían mostrado en la carrera de medicina o en la residencia.  Para mi fue una experiencia transformadora. Sin duda en los años de incesante trabajo que pasé estudiando quiropráctica  (y dando clases en la escuela) me empapé de una “nueva” filosofía, en la cual ante todo se celebra la capacidad inmensa y creativa de nuestro organismo para estar sano,  se reconoce la sabiduría maravillosa de nuestro cuerpo para repararse y recuperar la salud y se insiste en la necesidad del cuerpo, especialmente el de las mujeres, de que la medicina no interfiera en su función. Era la filosofía de la verdadera salud, no de la ausencia de enfermedad y de cómo podemos, a través de nuestro cuidado del día a día, conseguir ser cada vez mas sanas. Profundizar en la filosofía que aprendí con la quiropráctica me ha hecho convertirme en una acérrima defensora de la salutogénesis  y desentrañar el origen de la buena salud y sus diferentes niveles y estadios, se ha convertido en mi interés desde entonces.

No me cabe duda de que si el objetivo de los gobiernos del mundo fuera el bienestar de la gente, invertir en la salud con enfoque bio-psico-socio-ambiental y fomentar y/o  enseñar a las personas como cuidar y mantener su cuerpo,  sería un objetivo prioritario para la humanidad. Con esta idea escribí el artículo “Futuro o utopía: soñemos con un sistema de salud óptimo” publicado en el Mys 26.

Agradezco enormemente también el apoyo recibido por el Mys en la crisis de las pseudociencias en la que la quiropráctica junto con la homeopatía utilizada por tantas compañeras fueron fuertemente vapuleadas. Creo que toda la red Caps en bloque defendió las medicinas y terapias alternativas demostrando que nosotras no tenemos la estrechez de miras de por ejemplo, nuestro ministro de ciencia y tecnología, y entendiendo que la ciencia no es mas que una herramienta, que la evidencia científica es necesaria pero no una nueva religión en la que tener fe ciega. En esta ocasión escribí un artículo titulado: “ ¿Por qué se cambia de opinión al llegar a  ministro?” explicando que el ministro había pasado de presentar un simposio de quiropráctica a denostarla como pseudoterapia: Donde dije digo, digo Diego.

Ya se que una de las ambiciones de las editoras del Mys, la de llegar a mas y mas gente, aparentemente no ha podido verse cumplida del todo, principalmente por falta de apoyo institucional. Sin embargo la trascendencia del Mys ha sido infinitamente mayor que la “tirada”. Junto con los cursos del Caps, los libros de Carme Valls, las reflexiones a través de la red de correos electrónicos, el Mys ha sido esta fuente nutricia que nos ha permitido beber en la mejor teoría feminista y nos ha alimentado para poder dar los innumerables cursos y talleres  realizados por nuestra asociación Adibs (Associació de dones de les Illes Balears per a la  salut) hasta llevar al último confín de Mallorca este conocimiento. Y estoy segura que de la misma manera muchas “miembras” de la red han llegado a multitud de mujeres que gracias a esto han aprendido también a entender y a resistirse a la medicalización innecesaria de sus vidas  y a entender la urdimbre, el entramado del ejercicio del poder patriarcal sobre sus cuerpos. O al menos a tomar contacto con los entresijos que nos hacen vivir el estereotipo de lo que deberíamos ser, aun en contra de nosotras mismas.

Espero haber dejado claro que estos 50 números, en estos más de 20 años del Mys entretejido en nuestras vidas, han sido un eje clave en mi evolución como persona y como profesional: de patóloga ortodoxa a quiropráctica-médica funcional con perspectiva de género. Un viaje glorioso. Mi infinito y eterno agradecimiento.

Mª José Hernández Ortiz

Médica y quiropráctica