Entrevista a Yayo Herrero – “Salvar” la vida humana no es una cuestión solo de mujeres

Durante la primera quincena de noviembre la COP26 (26 Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático). ha sido el centro de atención mediática mundial. Representantes de los 196 países que han ratificado la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático se han reunido para discutir cómo controlar las emisiones de sustancias que ocasionan el efecto invernadero y frenar el cambio climático. Entrevistamos a Yayo Herrero, para tener una mirada ecofeminista sobre la crisis climática.

.-Yayo, la Wikipedia dice que eres antropóloga, ingeniera, profesora, investigadora y activista ecofeminista, ¿Cómo quieres que te presentemos? 

Así está muy bien, Dolores, aunque creo que sobre todo intento ser activista de la divulgación y la educación desde los enfoques de la sostenibilidad de la vida.

.-¿Qué es el ecofeminismo?

El ecofeminismo es una corriente de pensamiento y un movimiento social que explora los encuentros y posibles sinergias entre ecologismo y feminismo. Como señala Alicia Puleo (2011), a partir de este diálogo, es posible compartir y potenciar la riqueza conceptual y política de ambos movimientos, de modo que el análisis de los problemas que cada uno de los movimientos afronta por separado gana en profundidad, complejidad y claridad. Tal y como lo entiendo, es también una filosofía y una práctica que le debe mucho a las miradas de la economía feminista y a las críticas decoloniales. 

María Mies y Vandana Shiva (1997) defienden que el modelo económico y cultural occidental se ha desarrollado en contra de las bases materiales y relacionales que sostienen la vida y que se ha sostenido y se sostiene mediante la colonización de las mujeres, de los pueblos “extranjeros” y de sus tierras, y de la naturaleza.

El ecofeminismo somete a revisión conceptos clave de nuestra cultura: economía, progreso, ciencia…

Considera que estas nociones hegemónicas han mostrado su incapacidad para conducir a  los pueblos a una vida digna. Por eso es necesario dirigir la vista a un paradigma nuevo que debe inspirarse en las formas de relación practicadas por las mujeres. 

Desde los puntos de vista filosófico y antropológico, el ecofeminismo permite reconocernos, situarnos y comprendernos mejor como especie, ayuda a comprender las causas y repercusiones de la estricta división que la sociedad occidental ha establecido entre Naturaleza y Cultura, o entre la razón y el cuerpo; permite intuir los riesgos que asumen los seres humanos al interpretar la realidad desde una perspectiva reduccionista que no comprende las totalidades, simplifica la complejidad e invisibiliza la importancia material y simbólica de los vínculos y las relaciones para los seres humanos. 

Desarrolla una mirada crítica sobre el actual modelo social, económico y cultural y propone una mirada diferente sobre la realidad cotidiana y la política, dando valor a elementos, prácticas y sujetos que han sido designados como inferiores y que han sido invisibilizados. 

. ¿Cómo resuenan el agua, aire, fuego, vida, los elementos que le dan nombre a tu libro «los cinco elementos» en el cuerpo de las mujeres?

Por una parte son los elementos que nos componen, igual que a todos los cuerpos vivos. Somos agua, aire, tierra, vida… Por otra, las mujeres, no por naturaleza sino por el rol que impone la sociedad patriarcal son aquellas a las que les toca sostener cotidianamente generacionalmente la vida humana en un modelo económico y político que ataca la propia vida.

La contaminación del aire y del agua, la degradación y la desposesión de la tierra, el extractivismo, el uso descomunal de las energías renovables, la contaminación y la alteración de los ciclos y equilibrios que han hecho posible la expansión y el mantenimiento de la vida humana, impactan de una forma más violenta en el cuerpo de las mujeres. Este impacto desigual se debe, por una parte, a la fisiología de nuestro propio cuerpo que acumula y sufre en mayor medida la enfermedad que acarrea la contaminación. Por otra, al ser quienes en mayor medida cuidamos de las personas más frágiles o enfermas, esta guerra contra la vida se evidencia en los tiempos y vidas cotidianas de las mujeres.

Además, la propia resistencia ante las prácticas extractivistas y contaminantes en muchos lugares es organizada por comunidades de mujeres.

.- ¿Cómo aborda el ecofeminismo la crisis climática? – ¿Cómo piensas los ámbitos en los que esta emergencia climática afecta a las mujeres, en una sociedad heteropatriarcal?

La guerra contra la vida no afecta de forma simétrica a toda la población. La infancia, las personas mayores y enfermas, los pueblos originarios, mujeres y personas pobres, especialmente en los países más empobrecidos, son los grupos de población más expuestos y más vulnerables ante la crisis ecológica. Teniendo en cuenta que quienes se ocupan del cuidado de la infancia, de las personas mayores y enfermas y de la producción de alimentos de subsistencia son mayoritariamente mujeres, no es difícil darse cuenta hasta qué punto son las que cargan sobre sus vidas las consecuencias  de un modelo de vida ecocida y las que resisten y luchan para sostener las comunidades.

El 80% de las personas desplazadas por el cambio climático son mujeres y, por ejemplo, más del 70% de las personas que fallecieron en el tsunami de Asia en 2004 fueron mujeres (NNUU 2016). 

Gran parte de la responsabilidad de producir y procesar alimentos y de garantizar el mantenimiento de sus hogares recae sobre ellas. Por ello padecen de manera más profunda el impacto del clima extremo, la desaparición del agua, la degradación de la tierra y los desplazamientos forzosos. Incluso cuando los recursos escasean, son normalmente las mujeres quienes dan de comer en primer lugar a sus maridos e hijos antes que alimentarse a ellas mismas.

En segundo lugar, las mujeres viven de forma muy dura el extractivismo, la construcción de grandes infraestructuras en los territorios y la proliferación de extensiones de monocultivos. Se ven obligadas a combinar la resistencia con los trabajos de producción y de cuidados en situaciones de violencia y conflicto; y sus cuerpos son utilizados como campo de batalla y de castigo. Diferentes organizaciones de defensa de los derechos humanos llaman la atención sobre las situaciones de intimidación y hostigamiento, amenazas, campañas de desprestigio, violencia, detención irregular y asesinato de mujeres activistas. Los modelos de producción y consumo de los lugares de privilegio caen como una losa sobre ellas y sus comunidades.

Las consecuencias se extienden sobre las mujeres migradas y expulsadas de sus territorios. Sufren por su condición de trabajadoras precarias en sectores como el de la limpieza, hostelería, turismo, servicios sociales, residencias de mayores y cuidados, asistencia domiciliaria y los sectores manufactureros de más bajos salarios, como el del textil o el del calzado, deslocalizados en países empobrecidos. Esta forma de producir oculta la esclavitud laboral y las prácticas denigrantes: horarios abusivos, despidos durante los embarazos o constante acoso sexual. Se ven obligadas a salir y regresar a sus hogares a horas inseguras, son explotadas por redes de trata, son desaparecidas y asesinadas. 

– Las valoraciones que leemos en los principales medios de comunicación sobre la COP26 tienden a ver la botella medio llena, nos dicen que lo importante es que se ha puesto el cambio climático en la agenda política, que el cambio es posible y que las asociaciones ecologistas deben evitar el catastrofismo. Tienes fama de ser optimista recalcitrante, ¿compartes esta valoración?

No me definiría como optimista. Creo que la situación actual es extremadamente grave. No me parece que estemos para celebrar que el resultado de la COP26 sea solo que la política hable de cambio climático.  El próximo año se cumple el 50 aniversario de la publicación del informe Meadows sobre los límites al crecimiento. Hace medio siglo que se adelantó la crisis ecosocial y las consecuencias monstruosas que tendría si se seguía por el mismo camino. 

El capitalismo desbocado es una verdadera religión civil, en un fundamentalismo religioso. El problema es que una buena parte de los gobiernos y la sociedad que los elige han interiorizado que el crecimiento económico y el dinero son sagrados. Eso nos lleva a una lógica del sacrificio: merece la pena sacrificarlo todo para que la economía crezca, pues es la única manera de satisfacer nuestras necesidades y de que el sistema se mantenga en pie. Desde esa perspectiva es difícil imaginar una forma diferente de hacer las cosas. 

No podemos decir, con los datos en la mano, que las perspectivas sean precisamente optimistas. Lo que sí creo es que en todo momento, en cada lugar hay posibilidad de poder enfrentar esto desde la justicia, el apoyo mutuo, el reparto y el cuidado. No es lo mismo colapsar de una forma violenta que hacerlo comunitariamente, con la clara intención de cambiar sin dejar mucha gente atrás.

Yo creo que involucrarse y tomar parte en la tarea de reorganizar la vida en común desde esta perspectiva, ofrece, ya de partida, un sentido vital casi inagotable. Creo que uno de los mayores ejercicios de respeto hacia las personas y la propia libertad es tratar de ayudar a la gente a ver la realidad cara a cara para poder trabajar desde allí. Sin caer en un discurso de la culpa, que conduce a poco, es importante comprender el sistema de responsabilidades asimétricas existente en una situación cada vez más peligrosa e incierta. Entender cómo se articulan las responsabilidades asimétricas es lo único que nos capacita para poder actuar ante ello. No hay posibilidad de intervención, de participación, de hacerte cargo de tu vida si no somos conscientes de que somos responsables. Y esto es básico para generar una cultura del cuidado. Cuidamos a otros y otras y a la Tierra porque nos sentimos responsables. Cuando esto ocurre, se desencadena una capacidad común para que la existencia cotidiana y futura sea mejor y más digna. Y ahí es dónde yo me siento esperanzada. 

Los pequeños cambios no necesariamente llevan a un cambio en lo global, pero la articulación en el territorio, en lo concreto, con otra gente, sobre lo que afecta a nuestras circunstancias vitales concretas, es un caldo de cultivo y un espacio de aprendizaje para tejer poder colectivo y eso es crucial para poder cambiar lo global. Como veo tanta gente, tantas experiencias e iniciativas bien conectadas a mi alrededor, sí me siento esperanzada. Tengo la convicción de que existe potencial y capacidad para transformar las cosas. 

Has escrito que hay que repensar la vida en tiempos de emergencia … ¿En qué sentido? 

El punto de partida es la inevitable reducción de la extracción y presión sobre los ciclos naturales. En un planeta con límites ya sobrepasados, el decrecimiento de la esfera material de la economía global no es tanto una opción como un dato. Esta adaptación puede producirse mediante la lucha por el uso de los recursos decrecientes o mediante un proceso de reajuste decidido y anticipado con criterios de equidad. 

Si consideramos las salidas de la crisis desde un punto de vista ecofeminista que asuma la reducción de la escala material de la economía como un dato , ahora mismo hay dos grandes prioridades. La primera es la protección de la vida de las personas, y esto significa pensar en garantizar un suelo mínimo de necesidades: vivienda, suministro básico de energía, alimentación, salud, educación, relaciones, cuidados y participación. En segundo lugar, necesitamos recomponer metabolismos económicos y sociales que, no solo no intenten romper un techo ecológico que ya está superado, sino que se ciñan a unos mínimos garantizados para el bienestar humano. Por ejemplo, toda la inversión millonaria post Covid debería canalizarse a través de un sistema de indicadores multicriterio que abarque desde el bienestar y la seguridad de las personas hasta la necesidad de reducir drásticamente la huella ecológica global, teniendo en cuenta los materiales necesarios para ello. 

Tener esto en cuenta al invertir en la reconstrucción asegurará que las personas y los modelos económicos sean más resilientes cuando llegue la próxima crisis. ¿Hasta cuándo podremos seguir haciendo, cada 15 o 20 años, inversiones absolutamente colosales para mantener un sistema que se hunde y no se sostiene?. Entiendo que cuando estás en política hay cuestiones más inmediatas que otras, pero el reto está en asegurarse de que lo que hagamos a corto plazo no impida la consecución de objetivos razonables a medio plazo. 

Abordar esta transición con criterios de equidad, obliga a promover una cultura de la suficiencia, a apostar por la relocalización de la economía y el establecimiento de circuitos cortos de comercialización, a respetar y promover un tejido rural vivo, a disminuir el transporte y la velocidad… Supone abordar la redistribución y reparto de la riqueza, así como una reconceptualización de la misma. En un planeta físicamente limitado, en el que un crecimiento económico ilimitado no es posible, la justicia se relaciona directamente con la distribución y reparto de la misma. El acceso a niveles de vida dignos de una buena parte de la población pasa, tanto por una reducción drástica de los consumos de aquellos que más presión material ejercen sobre los territorios con sus estilos de vida. 

.- ¿Qué podemos hacer nosotras, las mujeres, para tratar de evitar el desastre, tanto a nivel individual como colectivo?.

Las dimensiones ecológica y feminista son imprescindibles para transformar la concepción y la gestión del territorio y para reorganizar los tiempos de la gente… Sin ellas, es imposible alumbrar un modelo compatible con la biosfera y que trate de dar respuesta a todas las diferentes formas de desigualdad. 

Los ecofeminismos, poco a poco, van calando en los análisis de otros movimientos sociales y políticos. Creemos que esta mirada resulta imprescindible para realizar un análisis material completo del metabolismo social y establecer diagnósticos más ajustados sobre la crisis civilizatoria. Esta mirada es central para ayudar a diseñar las transiciones necesarias hacia una sociedad más justa y compatible con los límites de la naturaleza.

Una cuestión esencial es la implicación de los hombres y las instituciones. No se trata de dar palmaditas sino de corresponsabilizarse con la tarea de sostener vidas dignas. “Salvar” la vida humana no es una cuestión solo de mujeres. 


Bibliografia

United Nations Development Programme. Human Development Report (2016), descargado el 8 de diciembre de 2020 de http://hdr.undp.org/sites/default/files/2016_human_development_report.pdf  

Puleo, Alicia (2011): Ecofeminismo para otro mundo posible, Madrid: Cátedra.

Shiva, V. y Mies, M. (1997), Ecofeminismo, Icaria