NO A GATTACA: POR UNA MORATORIA A LA MODIFICACIÓN GENÉTICA HEREDITARIA

En febrero de 2017, un comité conjunto de la Academia Nacional de Ciencias (NAS) y la Academia Nacional de Medicina (NAM) en los Estados Unidos publica un informe largamente esperado sobre la “edición” de genes.

El informe titulado “Edición del genoma humano: ciencia, ética y gobernanza” hace recomendaciones para la modificación genética somática y hereditaria (IGM); también comenta sobre sus aplicaciones existentes y potenciales. Ha dejado atónito a muchos investigadores médicos, clínicos, legisladores y otros ciudadanos interesados, la mención a que “se debe permitir la edición de la línea germinal hereditaria en el genoma”, aunque con algunas salvedades.

Cuando se le presiona para que se desmarque del consenso global sobre el IGM, el comité NAS / NAM declara que no ha abierto una puerta, sino simplemente llamado a la puerta. Esta respuesta simplista contradice las preocupaciones, expresadas por naciones, instituciones e individuos, en torno a la medicina responsable, la salud pública, los derechos de las personas con discapacidad, la justicia reproductiva y la eugenesia. Con todo, se ha cruzado una línea – antes de que la ciudadanía haya tenido la oportunidad de entender y responder a los desafíos sociales y políticos sin precedentes que surgen junto a la ciencia.

Términos y definiciones claves

Modificación genética hereditaria (IGM) o Edición Hereditaria del Genoma Humano: Realización de cambios genéticos en óvulos o espermatozoides humanos, o en las células de embriones muy tempranos, para ser utilizados en la reproducción. Los cambios genéticos en óvulos, espermatozoides o embriones (la línea germinal) dan lugar a cambios permanentes en la descendencia y las generaciones futuras.

Modificación Genética Somática o Terapia Génica Somática o Edición Génica Somática: Realización de cambios genéticos en las células somáticas (del cuerpo) de un individuo para tratar una enfermedad, sin afectar a sus células reproductoras (la línea germinal).

Gattaca, 1997

El control de la evolución humana ha sido materia de ficción durante décadas y, en general al menos, no somos ajenos a la “promesa” de la ingeniería genética.

Una de las primeras tendencias es la superproducción de Hollywood Blade Runner (1982). Ambientada en el año 2019, los androides de aspecto humano (“replicantes”) creados para el trabajo manual empiezan a evolucionar hasta igualar la inteligencia de sus homólogos de carne y hueso. Gattaca (1997) es otro clásico. Gattaca (1997) es otro clásico. Explora la manipulación genética en una historia sobre los “válidos” (los que están mejorados genéticamente) y los “no válidos” (los que son genéticamente “inferiores”).

Entre las recientes inmersiones en la distopía se encuentra la película Elysium (2013). Ambientada en el año 2159, una estación espacial de lujo para ricos ofrece atención médica que puede diagnosticar y curar cualquier enfermedad o lesión, mientras el resto de la humanidad lucha por sobrevivir en la Tierra. La serie de televisión Orphan Black (2013) se centra en la clonación humana y la “Neolución”, un movimiento ficticio que cree que la ciencia puede -y debe- controlar la evolución. La lista continúa y las conspiraciones siguen creciendo. Mientras que algunas líneas se cruzan primero -y con más seguridad- en la ficción, pocos entre nosotros pueden ser conscientes de que las tecnologías genéticas ya no son “sólo ciencia ficción”. Como tampoco están “en el horizonte”. Todavía menos personas serían conscientes de los dilemas médicos, sociales y éticos que se plantean. Menos aún podrían ser conscientes de los dilemas médicos, sociales y éticos que se plantean.  Efectivamente, las tecnologías que alterarán el curso de la genética humana ya están aquí. En noviembre de 2018, He Jiankiu, un biofísico de China “creó” las primeras gemelas modificadas genéticamente del mundo, Nana y Lulu.

Fomento de la educación y formación sanitaria sobre tecnologías emergentes

Dado que las tecnologías genéticas emergentes nos afectarán a todos en los próximos años, la educación pública sobre ellas es fundamental. Y también es un desafío. Por un lado, están los beneficios médicos, como, por ejemplo, en el tratamiento de la anemia de células falciformes, la hemofilia y ciertos cánceres. Otros usos de las nuevas tecnologías genéticas emergentes aplicados especialmente en la reproducción humana, tendrían resultados menos atractivos: riesgos para la salud potencialmente graves, pero desconocidos, para las personas embarazadas, su descendencia y las generaciones futuras; y el posible ascenso de una eugenesia impulsada por el mercado que llevaría las desigualdades sociales existentes al genoma humano.

Nada de esto es inevitable si un diálogo sobre los posibles beneficios y daños es inclusivo, sólido y decisivo y establece los límites que la sociedad debe trazar. Hasta ahora, esté debate se ha limitado a los círculos científicos y médicos. Los comentarios del público se han visto frustrados por los expertos reacios a participar más allá de su campo. En términos más generales, el proceso de aprendizaje es tan abismal e intimidante que está causando gran incertidumbre sobre cómo intervenir.

Dado el impacto potencial en nuestra especie, y en particular en la salud y reproducción de las mujeres, la formación y educación sobre las implicaciones médicas, sociales y éticas de las tecnologías genéticas debe ser totalmente accesible e inmediata. La entrada a esta nueva era, el CRISPR-Cas9, es un buen lugar para comenzar.

La promesa del CRISPR-Cas9: terapia génica somática CRISPR se ha presentado como una forma relativamente precisa y económica de agregar, eliminar o alterar segmentos en genes humanos. Ofrece muchos beneficios potenciales, en una variedad de aplicaciones clínicas. Conocida como modificación genética somática, edición de genes somáticos o terapia génica somática (ver recuadro), esta alteración genética trata la enfermedad en un individuo cambiando sus células somáticas (corporales) sin afectar sus células reproductivas. En otras palabras, solo afecta al tratamiento individual.

Ya se están llevando a cabo ensayos clínicos que utilizan la terapia génica somática en ciertos cánceres, anemia de células falciformes y hemofilia. Constituye un progreso en ausencia o fracaso de otras terapias. Se espera que quienes puedan, soliciten estos tratamientos, a pesar de los riesgos y las incógnitas; y a medida que aumente el entusiasmo, habrá más ensayos clínicos y más tratamientos para más enfermedades. Ahora mismo, el CRISPR está siendo utilizado en un experimento histórico en dos adultos, para revertir el deterioro de la visión causado por una enfermedad genética rara llamada Amaurosis Congénita de Leber.

Los peligros de CRISPR-Cas9: aplicaciones de línea germinal

Más compleja y controvertida es la modificación genética hereditaria o IGM (ver recuadro). Esta aplicación se utilizaría en la reproducción para realizar cambios en embriones, óvulos o espermatozoides humanos (la línea germinal). En otras palabras, daría lugar a cambios permanentes en la descendencia y las generaciones futuras.

Desafortunadamente, el uso continuo del término “edición de genes” (léase: cortar y pegar) para describir la IGM y terapia génica somática no esclarece la diferencia entre las dos aplicaciones. Esto fomenta una indiferencia fuera de lugar sobre la IGM y sus implicaciones posteriores. Algunas de estas implicaciones se exponen a continuación.

Experimentación y seguridad

  • Los investigadores y los médicos a menudo afirman que procederían con los ensayos clínicos solo cuando la IGM se considere segura.
  • Esta afirmación plantea muchas preguntas: ¿Cómo pasa-mos del punto A al punto B, de un riesgo alto o desconocido a una seguridad relativa, dentro de un contexto reproductivo? De forma predeterminada, pasar de un laboratorio a realizar ensayos clínicos expondrá al riesgo a las personas que portan óvulos o embriones. Y aunque no se puede garantizar la seguridad, ¿quién lo considerará así y por qué motivos?

Los investigadores de la salud pública y los defensores de la salud de las mujeres han seguido la pista, durante mucho tiempo, a las pérdidas de las garantías de seguridad una vez que se hacen evidentes los efectos perjudiciales de los dispositivos médicos, los medicamentos y las prácticas médicas. . El Dietilestilbestrol (DES) es un ejemplo. Un estrógeno sintético, que una vez se recetó a las personas embarazadas para prevenir el aborto espontáneo (entre otras complicaciones del embarazo). Al ser ineficaz en estas aplicaciones, el fármaco finalmente se vinculó con el cáncer de cuello uterino y vagina y se retiró. [1] IGM es diferente a DES o implantes mamarios de gel de silicona. Los genes alterados en el genoma humano no se pueden restituir.

Consecuencias intergeneracionales no deseadas

  • Aparte del riesgo individual para las personas embaraza-das y la descendencia, es muy importante el potencial de riesgo no intencionado hacia las generaciones futuras.
  • Se sabe poco sobre lo siguiente: cambios en los genes cercanos que no son el objetivo de CRISPR (y debido a él); la interacción entre estos genes y los genes a los que se dirige CRISPR; y el impacto de cualquier modificación en el entorno celular más amplio.
  • Esta incertidumbre plantea la pregunta: ¿Quién tiene la garantía moral para proceder?, y ¿cree el público que vale la pena correr estos riesgos con nuestra descendencia y las generaciones futuras?

Muchos argumentarán que el riesgo es inherente a toda investigación y progreso biomédicos, y que vale la pena tomarlo para minimizar las enfermedades y el sufrimiento. La IGM es diferente. Cualquier resultado de salud no deseado y adverso estaría aquí para quedarse. Serían irreversibles, incorporados en el genoma humano y significativos a lo largo de generaciones

Tratamiento genético versus mejora genética

  • Los que defienden la IGM generalmente dan el argumento que el tratamiento de una determinada enfermedad en una persona podría mejorar el tratamiento de otra persona.
  • La práctica médica y la literatura están llenas de ejemplos de tratamientos que pueden derivar hacia el uso cosmético o a la mejoría de pacientes.
  • Esta clara línea engañosa plantea la siguiente pregunta: ¿Se detendría la aceptación de la IGM durante la aplicación de este tratamiento?

El comportamiento humano dice lo contrario: cuando se ha permitido un determinado tratamiento, la mejoría no se puede dejar de lado. El Comité Internacional de Bioética de la UNESCO se refiere a IGM como “una intervención que probablemente tendrá efectos significativos en la vida de las personas que podrían ser consideradas ‘diseñadas a pedido’ por otra persona sin su consentimiento …” [2] con modificaciones del genoma en las generaciones futuras.

Eugenesia impulsada por el consumidor

  • La IGM haría posible la selección (o deselección) de rasgos en la descendencia futura.
  • Esta forma de eugenesia no sería impulsada por el estado ni relegada a los libros de historia, sino que podría ser más insidiosa y normativa, instalándose en los procedimientos de clínicas de fertilidad y consultorios médicos, de forma privada y cada vez más creciente.
  • Esta inevitable demanda de los consumidores plantea la pregunta: si bien aborrecemos las formas pasadas de eugenesia, ¿reconocemos sus nuevas formas y estamos listos para trazar la línea?

Hasta cierto punto, la selección de rasgos a través del diagnóstico genético prenatal y los óvulos de donantes ya está aquí. La IGM es la próxima encrucijada. Es hora de seleccionar un camino responsable hacia adelante, volver a trazar las líneas que han sido cruzadas, antes de desviarnos hacia la eugenesia impulsada por el consumidor para el tratamiento y la mejoría de la salud.

“Tener” y “No tener”

  • Las disparidades en el acceso y la eugenesia impulsada por el consumidor, solidificarían una desigualdad sin precedentes entre los que tendrán y los que no (para hacer referencia a Gattaca nuevamente, lo “válido” y lo “no válido”)
  • La persistente desigualdad racial y la estigmatización de las personas con discapacidad son problemas particularmente conmovedores y desatendidos que empeorarían en un futuro que normalizara la IGM.
  • Esta injusticia plantea la pregunta: ¿En qué tipo de mundo queremos vivir y dejar?

Algunos argumentan que garantizar el acceso equitativo a las tecnologías genéticas sería imperativo para reducir la inequidad social. Esto es absolutamente cierto para la terapia génica somática para afecciones médicas en individuos. Sin embargo, combinar el acceso a la terapia génica somática con el acceso a la IGM posiciona a esta última terapia como algo que significa lo mismo y es igualmente deseable, algo que todos deberían desear (y tener), como agua potable, alimentos saludables o viviendas asequibles. Esta confusión engañosa ignora los problemas sociales y de especie humana, si se aplica la IGM en primer lugar. También ignora los objetivos eugenésicos e incorrectos planteados en este artículo. Sin lugar a duda, si se permite que continúe, la IGM llevaría la inequidad social hasta el genoma humano, de una forma profunda, e irreversible…

Recuperar el relato

Cuando los organismos científicos y de bioética solicitan la opinión del público sobre la IGM, suelen presentar escenarios que tocan la fibra sensible. Por ejemplo, una pareja en la que uno de los miembros es portador de un gen de una determinada enfermedad, está intentando tener un hijo. En estos casos, la IGM se presenta de forma optimista como segura, mientras que otras alternativas, como el diagnóstico genético prenatal (DGP), no suelen mencionarse. Esto obliga a una elección binaria, un ingenuo voto de aprobación o rechazo. En realidad, cualquier debate público se ha visto desvirtuado por un enfoque que ha llegado distorsionado a las personas), con suposiciones de seguridad y con la inclinación a dejar de lado otras alternativas razonables. En este contexto, incluso la oposición razonable a la IGM se considera cruel o desfasada. Como resultado, la discusión, si es que la hay, lleva a la ciudadanía muy lejos de las cuestiones médicas, sociales y éticas que surgen en la ciencia.

Es hora de retomar el rumbo y la velocidad. Es hora de recuperar el relato y redefinir las partes interesadas. La IGM no sólo se relaciona con el ámbito de la medicina y la biotecnología, sino también con el de la justicia reproductiva, la salud pública, la justicia para los discapacitados, el derecho sanitario, la ética y la fe. Ha llegado el momento de rechazar las opciones binarias y de promover un diálogo inclusivo y sincero sobre lo que se pide, quién y qué está en juego, y dónde trazar una línea límite. Ninguna comunidad por sí sola está preparada o justificada éticamente para dar respuestas o tomar decisiones unilaterales para nuestra especie. 

He Jiankiu, el biofísico de China cumple actualmente una condena de tres años de prisión por “práctica médica ilegal”. Si bien su “creación” ha abierto la proverbial puerta a la que llamó el comité de la NAS/NAM, seamos más prudentes con los invitados que decidimos recibir.

Y si el binario es todo lo que tenemos, bajemos el pulgar a Gattaca. Pidamos una moratoria sobre la IGM y dediquemos el tiempo necesario para un auténtico diálogo público. Nuestras voces colectivas, sobre una cuestión que nos afectará a todos y todas deberían ser una etapa más que necesaria para nuestra evolución humana.