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PEOR PARA LAS MUJERES

Género, violencias y VIH: la invisibilidad como sistema

<Montserrat Pineda Lorenzo >


Montserrat Pineda

La violencia como sistema de poder

La violencia de género, o la violencia que se dirige contra las mujeres, es un fenómeno estructural, es una manifestación producto del machismo que impera en esta sociedad y que viene sustentado por la desigualdad y la inequidad, con un dominio de lo masculino sobre lo femenino en lo simbólico y una relación de poder entre los hombres y las mujeres en el mundo cotidiano.
Hablar sobre violencia de género es hablar de cualquier acto, activo o negligente, que vulnere los derechos de las mujeres por el único motivo de "ser mujeres".
La Violencia Estructural es aquella legitimada y que legitima al mismo tiempo el sistema social y económico en que vivimos. La violencia estructural se sustenta en la creación de constructos de desigualdad y de inequidad, que se radicalizan en la construcción de los fundamentalismos (económicos, sociales, religiosos, de clase, de raza, etc),

Consecuencias para la salud en relación con el VIH

Esta desigualdad y este desequilibrio se observan en el acceso a los recursos y a los servicios de salud, que aunque en determinados contextos (estado español) se considera universal, no es en ningún modo real.
La epidemia del VIH tiene un vínculo muy profundo con el ejercicio de esta violencia, y el hecho de que las políticas sociales y sanitarias no hayan sabido incorporar la perspectiva de género y no hayan previsto políticas y acciones específicas para prevenir el VIH en mujeres ha supuesto uno de los mayores fracasos de la salud pública. El estigma relacionado con el VIH en mujeres supone una doble estigmatización, cuya construcción tiene que ver con el papel asignado por el sistema patriarcal a las mujeres; esto supone el aumento del sufrimiento y el aislamiento de las mujeres seropositivas y distorsiona la percepción del riesgo de las mujeres en general respecto a la posibilidad de infectarse. Los estigmas son un factor promotor de violencia debido a que se retroalimentan de los miedos y de los prejuicios, convirtiéndose en un elemento de control del sistema social predominante.
Es necesario avanzar en el estudio de dichos fenómenos para identificar cómo la violencia simbólica y la cotidiana tienen impacto en nuestra sexualidad, y por tanto en la prevención del VIH.

Una de las acciones imprescindibles consiste en revisar el papel que desempeñan las relaciones de poder en la relaciones sexuales y cómo éstas determinan las consecuencias en la salud sexual reproductiva. "El poder realizar una cosa" tiene que ver con las habilidades y capacidades para actuar pero también con "el poder" sobre dichas habilidades respecto a una misma y respecto a los demás.
Cuando se ha tratado de establecer la relación entre violencia y VIH, el primer análisis subyacente se ha encaminado a observar cómo la violencia ejercida contra las mujeres aumenta la vulnerabilidad de éstas a infectarse con el VIH, al no poder tomar las medidas protectoras necesarias para prevenir la infección, ya sea porque se obstaculiza la percepción de riesgo o por no poder utilizar las medidas necesarias. Aun siendo un elemento importante, desgraciadamente no encuentra traducción en políticas sociales y sanitarias eficaces y efectivas, ni tampoco en la sensibilización y formación necesaria de l@s profesionales que trabajan en la prevención de la violencia.
Se requieren estudios y acciones que visibilicen la relación entre violencia y VIH. Se requieren discursos y políticas que señalen que la violencia es, en la mayoría de los casos, invisible y tiene las mismas raíces que la epidemia del VIH: la desigualdad.

La violencia mayoritaria se enmarca en contextos de coerción muy difíciles de detectar y de trabajar, dado que están estrechamente relacionados con la construcción de la bipolaridad masculinidad/feminidad. La coerción es un fenómeno de difícil identificación por la misma naturaleza de la relación abusiva, la cual se conforma además desde la construcción del amor romántico, que es un caldo de cultivo de dichas relaciones. Dicho de un modo bucólico, es el "Jardín del Edén" del aislamiento y el sufrimiento de muchas mujeres.

Las mujeres que se encuentran en una relación abusiva con un hombre aumentan por 100 su riesgo a infectarse por VIH debido, entre otras, a:

  • miedo a las consecuencias (físicas y/o emocionales) si no mantienen relaciones sexuales cuando y como su compañero "lo quiere" (exige);
  • el temor y la amenaza de violencia futura, rechazo, abandono y/o pérdida de apoyo económico si intentan negociar sexo más seguro o si se niegan a practicarlo;
  • la coerción emocional y la manipulación emocional a la que se ven sometidas;
  • relaciones sexuales violentas o agresivas, o violación, por parte de una pareja abusiva;
  • son obligadas a tener relaciones sexuales con otras personas o a participar en actos sexuales denigrantes;
  • son inducidas a la prostitución por una pareja abusiva.

Otro hecho pavorosamente invisibilizado producto de la violencia institucional es el impacto del diagnóstico del VIH que conlleva en muchos casos un aumento de grado en el ciclo de la violencia.
Es importante y urgente abrir el debate sobre la idea de reducción de riesgos y/o daños en la prevención del VIH por vía sexual, y que en este debate se incorporen profesionales que trabajen en la prevención y en el tratamiento de mujeres que han sufrido violencia. La capacitación de hombres y mujeres en el establecimiento de prácticas de reducción de riesgos y daños requiere trabajar la idea de reducción de riesgos como herramienta cuando no tienen la posibilidad de protegerse en las relaciones, que es cuando se produce un mayor riesgo de sufrir más violencia física o la muerte.

Un caso para reflexionar: las agresiones sexuales y Tratamientos Post-Exposición (PET)

Por último, la violencia se puede traducir en agresiones sexuales y éstas aumentan considerablemente la exposición al VIH y el riesgo a infectarse. En nuestro entorno legal y sanitario (hospitales) existe la posibilidad de utilizar el tratamiento post exposición como forma de prevención secundaria en situaciones accidentales, o sea, cuando se han producido situaciones de exposición a sangre o líquidos biológicos (semen, liquido pre-seminal, fluidos vaginales). Consiste en suministrar fármacos antirretrovirales en el plazo máximo de 24/48 horas después de la exposición durante un mes aproximadamente. No está demostrada su eficacia al 100%, aunque la experiencia comparada con dicho tratamiento en post-exposición y transmisión vertical, nos ofrece datos que nos acercan al optimismo respecto a su posible eficacia, pero eso implica que hay que explicar muy claramente en qué situaciones se debe usar, potencialidades, efectos secundarios y riesgos asociados. En algún protocolo se ha establecido la posibilidad de utilizar PET, aunque la realidad es que no se oferta, ni siquiera se tiene en cuenta su viabilidad. No tiene ninguna excusa la exclusión real de esta opción en los circuitos de violencia y en los protocolos de violencia sexual y física, con la posibilidad de ofrecer dicho tratamiento a las mujeres. Esto se concretaría con acciones dirigidas a:

  • ofrecer PET, cuando la situación lo requiera y la mujer lo acepte, a mujeres víctimas de agresiones sexuales después de haber realizado un asesoramiento/counselling y la obtención del consentimiento informado;
  • ofrecer información y asesoramiento sobre PET y soporte adecuados a:
    - las mujeres que sufran algún tipo de violencia de parejas con diagnóstico de VIH+ conocido
    - a las mujeres que sufran algún tipo de violencia de parejas sin diagnostico de VIH o desconocido
    - a las mujeres que sufran violencia sexual.
  • formación a los/las profesionales socio-sanitarias que atienden a las mujeres que sufran algún tipo de violencia. La formación requiere valoración de los riesgos, información sobre fármacos post exposición y capacitación en counselling.

El hecho de que esta posibilidad no sea efectiva en nuestro estado/comunidad tiene varias lecturas, todas ellas (falta de protocolos reales, falta de formación, falta de debate, falta de recursos, negligencias, etc) se resumen en que estamos ante un ejemplo de violencia institucional contra las mujeres.

¡Aumentan los embarazos entre mujeres HIV- positivo!

Investigadores del CDC (Centers for Disease Control and Prevention de Atlanta) han realizado un estudio prospectivo durante 10 años (1992-2001) siguiendo 8.857 mujeres seropositivas (HIV) en edad reproductiva (media 32). La frecuencia de embarazos fueron significativamente más altas en el periodo 1997-2001, entre las mujeres que recibieron terapia antiretroviral activa (HAART) que las que recibieron otro tipo de terapia. La monoterapia con Zidovudine reduce el riesgo de transmisión perinatal de HIV, de un 25% a un 8%, y la terapia HAART mejora la función inmune y la progresión del SIDA. Estos datos apoyan la necesidad del asesoramiento y el tratamiento en mujeres positivas HIV en edad reproductiva. Blair JM et al. Obstet Gynecol 2004. Apr; 103: 663-8.

Montserrat Pineda Lorenzo
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Tel.: 934314548

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