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DESDE EL INTERIOR DE LOS GRUPOS BALINT

<Maria Jesús Murria>


Maria Jesús Murria

Tras años de experiencia, a pesar de numerosos cursos de actualización o de cómo mejorar nuestra capacidad de comunicación, los profesionales sanitarios nos encontramos a veces con pacientes con los que no logramos conectar. No tenemos mala relación, no hemos discutido, pero percibimos que "algo no va". ¿Qué sucede que escapa a toda esa formación y experiencia pero planea de forma persistente por nuestras consultas y nos desasosiega?

Sobre este problema, y analizando casos concretos, se reflexiona en los Grupos Balint. En mi centro de trabajo, un Area Básica de la periferia de Barcelona, llevamos cuatro años reuniéndonos en estos grupos, en una experiencia conjunta del personal de medicina, enfermería y asistencia social, junto con una psicoanalista que supervisa cada sesión.
Expongo ahora alguno de los aspectos sobre los que hemos trabajado en los grupos, que debemos identificar como "señales de alerta" en nuestra consulta, para trabajar sobre ellos.

INCOMODIDAD. Con frecuencia nos la produce aquella información del paciente que no podemos etiquetar como síntoma, ese "malestar", ese "no me encuentro bien" que no podemos relacionar con la fisiología orgánica, sin ver que con ese "malestar" el cuerpo exterioriza lo que la persona vive como angustia, o situación de peligro, o desorganización interior. Dar espacio en la consulta para que el paciente pregunte, escucharlo y respaldarle, facilita la expresión del dolor psíquico. Deberíamos entender esto como un buen trabajo de salud.

AGRESIVIDAD. Antes de seguir adelante me parece importante explicar un mecanismo base en la comunicación humana. Cada persona actúa, se comunica e interpreta lo que le dicen según el bagaje mental que ha ido incorporando con la experiencia de su propia vida. De ahí que demos interpretaciones desde nuestro yo interior sin saber desde dónde nos habla el/la otro/a (desde qué esquemas mentales, escalas de valor, capacidad o no de expresar lo que siente). Con frecuencia interpretamos como agresión palabras que en realidad expresan miedo, estados de angustia o, por ejemplo en los/as adolescentes, inseguridad y dolor a la hora de separarse de sus padres y enfrentarse a la vida. Por parte de los padres pueden expresar el temor a que los hijos enfermen, o la cristalización de trayectorias anteriores con problemas no resueltos, o la desazón de empezar a ver cómo la vida pasa y otra generación toma el relevo. Nosotros, los profesionales, podemos vivir estas situaciones como falta de respeto o desconfianza, sin darnos cuenta de que si nuestros propios fantasmas ocupan el espacio no daremos lugar para que emerjan los conflictos del paciente.

DUELO. Se entiende por duelo el proceso necesario para que una persona asuma progresivamente una pérdida (desde la muerte de un ser querido, hasta un divorcio o la amputación de una parte del cuerpo). En estas situaciones los profesionales tenemos tendencia a desviar nuestra sensación de inutilidad ante lo irremediable haciendo "algo" (desde extender una receta hasta derivar a un especialista), cuando sólo si damos espacio para que el/la paciente exprese ese duelo, nos dará pistas para aprender a trabajar con él/ella, para compartir su cuidado y acompañarlo/a.

TENSIÓN. En la consulta utilizamos lo que se llama protocolos: son esquemas de trabajo, resultado de acuerdos entre expertos internacionales y que nos sirven de guía básica. Pero en el trabajo estamos sometidos/as a múltiples tensiones: los objetivos que nos plantea la dirección, el volumen de pacientes diarios, la dificultad de tratar con culturas muy diferentes, nuestro propio nivel de autoexigencia, etc., tensiones que hacen que nos sintamos presionados y usemos los protocolos como un estereotipo que reduce la individualidad del paciente y lo limita. Pero si además de estas tensiones externas, los profesionales no somos conscientes de los duelos de los que partimos y de nuestras propia inseguridades, acabaremos utilizando el protocolo como algo rígido que dificultará la comunicación y la escucha, en lugar de facilitar nuestro trabajo.

Para acabar quiero subrayar lo más valioso del proceso en los Grupos Balint, que ha sido descubrir la experiencia de lo subjetivo, la de nuestros pacientes y la nuestra, eso que no se ve en las consultas pero que si no lo tenemos en cuenta nos impedirá avanzar, los problemas se nos harán crónicos y seremos menos útiles a nuestros pacientes.

Maria Jesús Murria.
Médica de familia

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