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EL DOLOR OCULTO

<Malen Cirerol>


Malen Cirerol

En Diafreo llamamos “dolor oculto” al dolor a partir del cual se inicia un encadenamiento de tensiones, contracciones y compensaciones. Este dolor desaparece, aparentemente. Sin embargo permanece activo;solamente ha sido silenciado por la postura compensatoria del cuerpo.

Ante la aparición de un dolor, el cuerpo tiene un primer sistema de supervivencia que es la contracción y la tensión.
Con ello logra comprimir las terminaciones nerviosas, disminuyendo así el flujo de la información dolorosa, y previene también una posible hemorragia, mediante la presión que se ejerce sobre los vasos sanguíneos.

Si esta orden de contracción queda grabada con la suficiente intensidad, o, perdura a través del tiempo, acaba siendo crónica e inconsciente. A la asimetría que provoca, le sigue una escalada de tensiones, las unas para compensar a las otras, que, subiendo
como una progresión geométrica, acaba creando un desequilibrio en el cuerpo.

El cuerpo va adaptándose porque soltar estas tensiones significa dejar aparecer la primera información dolorosa. El sistema de alarma funciona perfectamente, y la orden que ejecutaría los movimientos que desharían esta estructura queda inhibida y sustituida por movimientos compensatorios.

Cuando esta cadena se satura aparece un síntoma en alguna parte del cuerpo, casi siempre lejos del viejo dolor inicial olvidado.
Este encadenamiento compensatorio de tensiones sigue siempre, aunque con diferentes variantes, las cadenas musculares que fueron descritas en su día por Françoise Mézières.

Por ejemplo, a raíz de un traumatismo en la rodilla, para encontrar un apoyo que no sea doloroso, esta rodilla girará probablemente hacia adentro. La tensión de los músculos que mantiene esta rotación tirará a su vez de la cadera, provocando un desplazamiento de la pelvis o de la articulación, que, a su vez, será equilibrado por una rotación de la columna que, quizás, acabe desplazando unas vértebras cervicales.
Con el tiempo, posiblemente aparezca un dolor en el cuello o en un brazo;o quizás sea una víscera, un nervio o un vaso comprimidos que se queje;Todo ello como consecuencia de la lesión de rodilla que habrá sido, por entonces, ya olvidada.

Si tratamos el síntoma, si no se deshace toda esta cadena del dolor, lograremos solamente un trabajo localizado y sintomático. El dolor emergente reaparecerá o se compensará en otro punto de la cadena; será, al parecer, un dolor diferente, pero tendrá el mismo origen.
Podría servir de ejemplo el desequilibrio que creamos en una tienda de campaña si acortamos uno de sus vientos. El desequilibrio irá desplazándose, a medida que lo intentemos paliar. El remedio será volver a la causa primera: el acortamiento del viento.
Françoise Mézières llamó “dolor oculto” a este dolor olvidado que reaparece al acercar de nuevo al cuerpo al eje; y, “reflejo antiálgico a priori”, a la capacidad de prevenir mediante movimientos compensatorios, un dolor antes de que se produzca.

Cuando se trabaja el cuerpo al nivel global, desde la óptica mezierista este dolor sorprendentemente olvidado reaparece muchas veces nítidamente, acompañado de mucha información, tanto de tipo descriptivo, como del impacto emocional que produjo en su día.

EL DOLOR OCULTO PUEDE SER UN DOLOR PSÍQUICO

Trabajando desde esta premisa en Diafreo, hemos podido constatar que este mismo encadenamiento de tensiones, siguiendo las mismas cadenas musculares, que fuera descrito por Mézières como la consecuencia de un dolor físico, se produce de forma idéntica cuando la información dolorosa inhibida es de tipo emocional. Su finalidad es retener y bloquear la información que proviene de los sentidos y del contac to íntimo con ciertos sentimientos y que produciría un conflicto interno o con el entorno. Aunque el dolor sea de origen psíquico y emocional, pone en marcha el sistema defensivo y, éste, siempre se estructura corporalmente.

Lo que ha construido el cuerpo, como sistema de supervivencia, difícilmente se deshace solamente desde la comprensión intelectual. Por lo tanto, hay que reabrir los circuitos estructurados en el cuerpo que mantienen al sistema defensivo activo. Y ello implica la liberación de la información y los sentimientos conflictivos que estaban retenidos en estas cadenas de contracción. Finalmente el cuerpo es el crisol donde los procesos psíquicos y energéticos se materializan. El instrumento con el que sentimos, pensamos y actuamos.
Vista desde esta óptica, la fibromialgia , es la punta del iceberg de un largo proceso de este tipo. Podríamos decir que es una tensión generalizada que encubre un dolor: el dolor que produciría ver la realidad. Y, cerrando el círculo, esta misma tensión, este mismo bloqueo,
imposibilita la apertura de los mecanismos que permitirían la respuesta.

En mi experiencia con personas que he tratado con este diagnóstico, y muchas otras que no han sido diagnosticadas pero que presentan cuadros similares, he observado que, aunque presenten sintomatologías diversas, tienen en común un trasfondo traumático emocional importante. Una historia, la mayor parte de las veces, de inhibición y negación, que actúa a modo de dolor oculto. Una historia emocional confusa, que provoca un extremo estado de alerta del cuerpo (simpaticotonía y estrés) con gran inhibición de la respuesta. Tod@s desarrollamos en la vida una forma u otra de defensa.

EL SISTEMA DEFENSIVO

Teniendo tod@s los mismos músculos, tenemos formas corporales muy diversas. Porque, según en qué estadio del desarrollo sucedan las experiencias más traumáticas, según el estado de maduración del sistema nervioso en este momento y según el tipo de información que necesitamos bloquear, los sistemas defensivos y los bloqueos tomarán formas diferentes, contrayendo distintos bloques musculares.
Sin embargo, en tod@s, como mamífer@s que somos, en el momento en que nuestro ser se pone en alerta, hay una preparación del organismo para la respuesta: ataque o huida.

Para ello el sistema simpático y todas las hormonas del estrés entran en juego. Son estimulados: el cortex cerebral (pensamos mucho y rápido), la musculatura (por si hemos de luchar o correr) y el corazón (para mantener el esfuerzo); y ralentizadas y parcialmente inhibidas las funciones viscerales que dependen del parasimpático y que, en conjunto, recargan nuestro organismo después del esfuerzo.

Visto así, toda la sintomatología de la fibromialgia es la de un estado de estrés, de una simpaticotonía sostenida que provoca la inhibición mantenida del sistema parasimpático. Un estado de alerta perpetuo, que acaba agotando sus reservas, porque no hay respiro para la recarga. De ahí que desemboque en fatiga crónica. Pero... ¿Cuál es el dolor que este mecanismo oculta? ¿Por qué este estado continuo de alarma, no encuentra nunca su descarga, cual coche en marcha con el freno puesto?

Este mecanismo de tensión, mantenido por la contracción crónica de las cadenas musculares, que va subiendo como una espiral, tiene una doble función:

Una es bloquear la información que viene de los sentidos y que, al ser descodificada al nivel del cerebro, enfrentaría a la persona a una realidad que, psíquicamente, en este momento no puede asumir.

La segunda función es, como consecuencia de la primera, la inhibición de la respuesta.

La segunda es posible sin la primera, pero no al revés porque sin información no hay respuesta consciente posible. Sólo un estado de alarma del cuerpo. Si alguien tiene hacia nosotros una actitud agresiva o manipuladora, darnos cuenta de ello implica ver la realidad y reaccionar.

Si hay una memoria grabada en la infancia que nos dice que saber o actuar sería destructivo para nosotr@s, esta información será tratada como peligrosa para la supervivencia y se bloqueará.

Bloquear no significa desaparecer. Como el dolor oculto de Mézières, esta información queda aislada en alguna parte de nuestro sistema nervioso. Para ello el cuerpo organiza sus tensiones.

Resultado final: nos encontramos mal, todo el cuerpo está en tensión y, como la información no ha circulado, no sabemos por qué.

En Diafreo, utilizamos el estiramiento de las cadenas musculares para liberar el estado extremo de tensión y aliviar el dolor. Sin embargo, al trabajar para liberar estas tensiones aparecen muchas veces grandes resistencias a soltarlas: con angustias, miedos y conductas de evitación. Porque mucho más temida que la tensión y el dolor, es la información.

Por ejemplo, en las situaciones de acoso moral o chantaje emocional, la niebla que impide ver, el miedo, la culpa y la imposibilidad de una respuesta adecuada, provocan una simpaticotonía sostenida con toda su sintomatología.

Soltar el sistema de defensa, dejar circular la información, implica salir de la niebla. Salir de la niebla implica tomar decisiones y reaccionar. Enfrentarse al miedo, al pánico. Esto es mucho más temible que el dolor físico si la persona tiene bloqueadas estas capacidades.

Aunque basamos nuestro trabajo en restablecer el equilibrio corporal mediante el estiramiento de las cadenas musculares que mantienen el estado de tensión, el trabajo corporal que yo propongo no es solamente un trabajo para desmantelar la coraza o el sistema defensivo; sino que, mediante el acceso a las tensiones más profundas, pretende recuperar las estructuras internas, el acceso a la conciencia corporal, al espacio interno. Pues es esta capacidad de estructura interna la que permite afrontar las circunstancias externas como tales. Es, así, la base más importante para recuperar la sensación de integridad, de vitalidad y de fuerza y pode enfrentar circunstancias difíciles, como las que pueden aparecer en el momento en que decidimos soltar la tensión, darnos cuenta de la realidad y actuar en consonancia con ella.

Es también desde la experiencia de vivir el cuerpo sin (o con menos) tensión, que podemos escuchar su lenguaje y observar en qué situaciones y en relación a qué sentimientos entra de nuevo en alarma.

Malen Cirerol
Diafro-Terapeuta. Fisioterapeuta

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